Una humanidad con fecha de caducidad.

Condenados a ser sustituidos, así vivimos hoy en día la realidad de la especie humana. Y quien no lo crea es que sin lugar a dudas está tan dormido que no ha llegado al punto de hacerse preguntas existenciales. Pues la realidad es esta, aunque no se predique a todas horas y por todos los medios de comunicación como sucede con el Covid-19, para hacer de nosotros más si cabe, una población dominada por el miedo, como en otras ocasiones ya ha sucedido sin motivo aparente.

Creo que la especie humana está librando una carrera a contrarreloj, pues cuanto más tardemos en darnos cuenta de la realidad que hay detrás de la cortina opaca, más difícil será salir de ese bucle si es que es humanamente posible salir de él. En medio de esta crisis, una vez más reafirmamos que no va a venir nadie en nuestro rescate, pretenden que seamos nosotros los que rescatemos mientras nos vamos endeudando y esclavizando nuestras vidas cada vez más y más…

Sin lugar a dudas creo que es el momento de autoanalizarse y desarrollar nuestra parte vocacional, que no es lo mismo que profesional, pero fusionadas, nos pueden llegar a dar un resultado magnífico.

Busquemos nuestra vocación, la pasión, nuestras habilidades, y si alguien aún no sabe cuál es su habilidad, que no cunda el pánico, estamos a tiempo, pero todo conlleva su trabajo. 

Muchos estaréis cansados de que se hable del “objetivo en la vida”, pero es que después de toda esta revolución, lo único que quedara vivo es aquello que no se pueda sustituir por una máquina. Y yo personalmente, me niego a ser un ciudadano más en esa sustitución. Seamos esos seres irremplazables, esos que inspiran al cambio, a la evolución del ser humano, más allá del consumismo. Seamos seres de luz que irradian esencia, pues es lo único que nos diferenciará el día de mañana.

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